OPINIÓN // Inserción internacional en base al petróleo.

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Eduardo Ortiz Ramírez.

La situación y perspectivas económicas de Venezuela durante la administración bolivariana debe relacionarse con lo que ha sido una activa y profusa diligencia internacional de esta administración. Puede afirmarse que ha habido un papel fundamental para la política exterior, durante los más de 15 años de administración bolivariana. Las particularidades políticas y de comportamiento del Presidente Hugo Chávez y el sentido internacional que se le ha dado a la gestión bolivariana en el sentido de estimular, apoyar o compartir procesos similares durante la administración de Hugo Chávez y del Presidente Nicolás Maduro, permite identificar una política exterior que ha sido bastante estable y repetitiva en sus elementos de guía, su dinámica y resultados, así como en sus costos para la nación. La creación del ALBA, el apoyo a países de menores ingresos de la región, la ayuda a comunidades o grupos sociales de las naciones desarrolladas, financiamiento o apoyo a obras culturales, artistas o películas, entre otros elementos, forman parte de tales dimensiones.

Por una parte y estrictamente asociado a los beneficios que se han tenido por los altos precios del petróleo -hasta entrado 2014, cerca de 100$ el barril; aunque a partir de octubre, los precios se ubicaron en menos de 80$ el barril y todavía en noviembre de 2014 continúa disminuyendo, cerrando en la semana 21/11/14 en 68,97$ el precio del barril venezolano, sin avizorarse las proximidades de un punto de inflexión-, la revolución bolivariana ha buscado internacionalizarse. Con financiamiento por delante a países algo débiles como los del Caribe, pero también a espacios de pobladores de países como EE.UU. o Inglaterra, se han establecido un conjunto de relaciones con aquel fin a partir de las posibilidades petroleras de Venezuela. Pero también, la renta petrolera en la administración de Hugo Chávez permitió ampliar relaciones con países como China o la actual Rusia, en la compra de instrumentos como satélites, armamento y naves como aviones o de ejecución de inversiones y prestamos en el caso de China. En estos dos últimos casos, más que irradiar la revolución bolivariana, la administración de Hugo Chávez buscó desarrollar otra dimensión geopolítica y beneficiarse de la experiencia revolucionaria en estas dos últimas naciones. Esto, aunque la experiencia revolucionaria de estos dos países, ha devenido en –por una parte- una Rusia sumida en numerosas crisis y en perfiles y valores que en nada tienen que ver con los ideales de los revolucionarios fundadores; y, por otra parte, una China con alguno de los capitalismos más “salvajes” del mundo, y un pragmatismo y un gusto occidental que en nada recuerdan aquella terrible y uniforme moda Mao; ambas naciones, por lo demás, albergan varios de los multimillonarios más ricos del mundo.

En el caso de las relaciones comerciales y políticas con países de menor desarrollo relativo y donde buena parte de ellos no presentan un régimen económico social que pudiese decirse propenda al socialismo, pero que han entrado en la órbita de interés de parte de Venezuela, como es el caso de los países del Caribe, ubicados en el ámbito de desempeño de las acciones de Petrocaribe, debe indicarse que como grupo de países Venezuela ha tenido hacia el mismo la definición -entre otras- de dar apoyo económico que pueda traducirse en beneficios y soportes políticos a nivel internacional. Un ejemplo de ello lo hubo en el apoyo incondicional, dado en la votación favorable –hacia los intereses de Venezuela- de pequeños países cuando discusiones en marzo de 2014 en organismos como OEA (que debían tratar los conflictos presentados en Venezuela en cuanto a protestas estudiantiles y populares que evolucionaron con numerosos fallecidos y distintas expresiones de autoritarismo por parte del gobierno de Nicolás Maduro) y que podían implicar posibles actuaciones de esta organización o tratar tales asuntos en sesiones privadas o públicas del mismo organismo. Una revisión de las ayudas brindadas por Venezuela a estas naciones en base al petróleo permite observar como en el año 2012 se exportaron diariamente 283.100 barriles a precios más favorables que los de mercado, teniendo a Cuba con 100.000 barriles, República Dominicana con 40.000 y a Trinidad y Tobago con 25.000 de un total de 13 países. Para 2013 y en base a información suministrada por el ministro de Petróleo y Minería Rafael Ramírez se puede precisar que las exportaciones a Cuba disminuyeron en alrededor de más de 20.000 y 30.000 barriles diarios. La propuesta y gestiones venezolanas han implicado atender necesidades de otros países del Caribe desde la refinería de Cienfuegos que es administrada por Cupet (empresa petrolera cubana) que tiene 51% de propiedad cubana y 49% venezolana. Una nación otrora azucarera y hoy día con su industria del azúcar en crisis y decaimiento, se ha convertido así en base al apoyo de Venezuela, en una de gestión y ventas de petróleo pues para lo que concierne a cuentas externas, las exportaciones de la empresa Cuvenpetrol quedan registradas a favor de Cuba (www.venezuelaaldia.com, febrero 27, 2014). Este tipo de apoyo económico, a la luz de evoluciones políticas y económicas tenidas en la región durante la primera década del siglo XXI debe ser ubicado en un nuevo enfoque del regionalismo que está signado por el abandono de cierto primado del comercio, insistiendo en el apoyo político y en el perfil del beneficio económico que pueda derivar para la región con la apertura e incorporación de nuevas relaciones y mercados como son los de Asia.

Igualmente, es el petróleo venezolano el que ha permitido construir el conjunto de relaciones asimétricas que se dan en los desarrollos del ALBA, como proceso de integración de un conjunto de naciones latinoamericanas entre las que cuentan Bolivia y Nicaragua, Cuba, Venezuela y otras de menor desarrollo relativo. Debe admitirse que, las posibilidades de integración que buscó impulsar la administración de Hugo Chávez por esta vía y la de Nicolás Maduro, están asociadas a lo que con todo derecho en sus posiciones políticas han sido –aunque muy cuidadosamente antes de los inicios de la administración bolivariana- y son, las críticas a los modelos de desarrollo económico basados en el régimen de economía de mercado y/o capitalismo y a las experiencias de integración con las que tal administración se encontró. Esta posición entra en contradicción, sin embargo, con sus iniciativas para ingresar al Mercosur, donde no están en proceso ideas de alteración del modelo de desarrollo capitalista. Las asimetrías de una incorporación (2012) no bien estudiada y peor planificada, con ausencia de equipos y mecanismos institucionales estables, no se corrigen con la incorporación circunstancial de Venezuela a una experiencia de integración que tiene suficientes problemas y diferencias a su interior. La participación de Venezuela en Mercosur, no abre económicamente altas perspectivas de éxitos; entre otras razones, por el pragmatismo de los brasileños (quienes generalmente presentan continuidad en sus estrategias e intereses comerciales) y la comodidad de los argentinos (hoy día sumergidos en crisis de variados tonos) en sus relaciones financieras y de otro tipo con Venezuela, entre numerosos aspectos que podrían destacarse pero que, indudablemente, se dan en un contexto de considerables asimetrías que se van a unir a las que ya existen a lo interno de esa experiencia, cuando se consideran los casos de Uruguay y Paraguay en comparación con Argentina y Brasil.

En general, puede afirmarse que, en materia de desempeño en los acuerdos regionales, la posición venezolana de la administración bolivariana incluidas las presidencias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro no ha sido muy exitosa. En el caso de la Comunidad Andina de Naciones y por razones vinculadas a aspectos de los señalados, la administración decidió retirarse de tal proceso de integración en 2006, y lo cual fue totalmente formalizado en 2011, después de cumplir los 5 años reglamentarios para tales casos. En la situación previa al pronunciamiento de retirarse de la Comunidad, la evolución de la participación venezolana –durante la administración de Hugo Chávez- dados diferentes conflictos, no estaba produciendo mejores articulaciones de Venezuela con los países de la comunidad en cuestión. Igual puede afirmarse del casi natural retiro de G-3 (México, Colombia, Venezuela), una vez que se había dado el de la Comunidad Andina.

El posicionamiento internacional del país ha venido estando entonces muy vinculado a la reforzada presencia del petróleo en la economía venezolana y al beneficio que los altos precios del mismo (al menos en lo visto hasta octubre 2014, tal cual se ha señalado) han procurado como ingresos adicionales al país y que han sido digeridos en su cualidad de nación rentista y petroestado. Pero también, lo ha estado a los caprichos e insistencias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro y algunos de sus funcionarios, apartando o privilegiando experiencias de integración o de ampliación de relaciones comerciales y de inversión según sus preferencias.

eortizramirez@gmail.com
@eortizramirez

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Acerca de "EN SOCIEDAD"

Lic. en Ciencias Políticas y Administrativas. Especialista en Gerencia de Programas Sociales. Profesor de Post grado de UCV y de la UCAB
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