Altisonancias Patrioteras.

Una semblanza de la Venezuela de hoy.

Una semblanza de la Venezuela de hoy.

MIGUEL SANMARTÍN
Quince días frenéticos, camarita. Altisonantes. Sin parar. Sin reparar en gastos. Sin medir las consecuencias reales (externas, porque a lo interno la “batalla” de imputaciones y recriminaciones pretende repolarizar al país con fines electorales -de atizar     petulantemente- una disputa desigual. Tensando la cuerda que puede seguir reventando por otras partes, en cualquier momento.  

El despliegue, derroche y altisonancias patrioteras no han servido, sin embargo, para dar respuesta a las preocupaciones y reclamos de los ciudadanos, originados en la escasez, la inflación, la inseguridad, el desempleo y el aumento de la pobreza crítica que certifican los más recientes estudios de opinión.

Estos últimos quince días de concentraciones, marchas y discursos en cadena nacional de radio y televisión (posteriores a la solicitud venezolana de reducción del personal de la embajada estadounidense en Caracas, decisión que mereció una respuesta similar de la administración Obama que exigió también la disminución de la plantilla diplomática venezolana en su país e impuso, además, sanciones a siete funcionarios del gobierno revolucionario) han estado caracterizados por reuniones, estridencias verbales, acusaciones, denuncias, pronunciamientos, apoyos, acuerdos, cartas públicas y ahora una batida nacional para recoger nada menos que 10 millones de firmas “contra el Imperio”. Sin embargo, durante ese lapso de esfuerzos “estratosféricos” y de intensos “combates” contra la amenaza de una “invasión” imperial, el gobierno no dedicó ni uno solo de esos días -con un mínimo esfuerzo- a tomar alguna decisión real destinada a resolver la enorme crisis que agobia al país.

Esa jornada de recolección de firmas ¿repetirá la historia de los 10 millones de votos? sería un evento ideal, incomparable, para  consultar también al soberano (¿un referendo?) sobre sus verdaderas inquietudes, dificultades y aspiraciones. ¿Qué le preocupa, qué le afecta, qué precisa, qué considera que debe cambiar? Seguramente las respuestas no sorprenderían. Serían obvias. Relacionadas con lo que hoy trastoca sus vidas. No importa dónde y a quién se le consulte. La indignación colectiva es por las consecuencias derivadas de la crisis política y económica -inducida por la aplicación del “modelo” castrocomunista- que afectan, incomodan y enfurecen a todos por igual. 

Hasta ahora la población ha sido paciente. Resignada. Su reacción no pasa de lamentos y reproches al régimen, manteniendo algunos aun la esperanza de que “esto” pudiera cambiar. Sin embargo esa tendencia está variando consistentemente. Así lo reflejan las últimas encuestas: Datanálisis y Datos registran la popularidad del Presidente en apenas 22% y un estudio de la UCV revela que 70% de los consultados duda que el Mandatario sea capaz de resolver la crisis. Otras estadísticas recientes, estas oficiales, aportadas por el INE, registran un crecimiento de la pobreza de 15%.

Estos datos son contundentes. Elocuentes. Demuestran el consistente fracaso del “modelo” castrocomunista de capitalismo de Estado. El mismo es insostenible sin precios del petróleo por encima de los 100 dólares el barril. El deterioro social se nota por todos lados. Más allá del desabastecimiento, la inflación y el desempleo, disminuyó el aporte a las Misiones, gobernaciones y alcaldías, así como la inversión en obras de infraestructura. También mermó la liquidación de divisas para cubrir importaciones básicas. Por otro lado continúa en aumento la deuda del Gobierno con las empresas privadas que no han podido ni repatriar capital ni honrar las deudas que mantienen con sus proveedores en el exterior. Tampoco el BCV cuenta con las divisas suficientes para atender la demanda a través de ninguno de los tres sistemas de cambio anunciados recientemente.

Presionado por las secuelas de la crisis social, la caída de los ingresos, el desprestigio internacional y el reto de las elecciones parlamentarias, el Gobierno -lo demuestran los hechos- optó por dedicarle más tiempo y recursos a este evento. De hecho, está en campaña adelantada. El triunfo en dichos comicios le resulta indispensable para sus planes de continuar gobernando -con los Poderes Públicos a su servicio- autocráticamente. En forma arbitraria y con absoluta impunidad. Y retener el poder más allá del 2019. La guerra económica, los intentos de magnicidio y el “conflicto” con Estados Unidos son solo “efectos especiales” en este pésimo melodrama que ha resultado el Socialismo del Siglo XXI.       

msanmartin@eluniversal.com  

Publicado EN SOCIEDAD con autorización del Autor.                                
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Acerca de "EN SOCIEDAD"

Lic. en Ciencias Políticas y Administrativas. Especialista en Gerencia de Programas Sociales. Profesor de Post grado de UCV y de la UCAB
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