La inclusión social permite que las ciudades sean más eficientes y sostenibles.

Tomado de Prodavinci.

Por Elisa Silva | 26 de diciembre, 2016

ciudadesinteligentes

La inclusión social y la equidad no son solo manifestaciones de una sociedad justa, son también condiciones críticas para el desarrollo sostenible. Esta causalidad es hoy más visible gracias a la data que han producido esfuerzos por aterrizar estos conceptos con indicadores medibles, como las Metas de Desarrollo Sostenible (o SDG por sus denominación en inglés: Sustainable Development Goals) y recientemente la Nueva Agenda Urbana de Hábitat III. Encontramos que los niveles de inequidad pueden ser muy diferentes entre ciudades de un mismo país, a pesar de que las políticas económicas y sociales suelen ser implementadas nacionalmente.[1] ¿Qué ocurre, entonces, a nivel local que hace que algunas ciudades experimenten mayor equidad e inclusión social que otras?

Estudios recientes documentan las correspondencias entre políticas públicas locales y los niveles de desarrollo humano, y concluyen que efectivamente ciertas acciones específicas avanzan en mayor grado hacia una agenda local de inclusión social.[2] Incrementar el acceso al transporte público, a la educación, al espacio público y a servicios públicos, tienen el efecto de mejorar la calidad de vida de habitantes. Además, si la implementación de dichas acciones viene acompañado por una motivada participación ciudadana y la incorporación de diversos grupos cívicos en el diseño, la efectividad incrementa así como los beneficios para los ciudadanos.

Quince ciudades de todo el mundo, que recientemente fueron seleccionadas para participar en la fase final del Premio Guangzhou de Innovación Urbana, muestran una clara motivación a enfrentar temas determinantes en los grados de inequidad. Son casos que sirven de referencia y aprendizaje para gobiernos locales venezolanos e internacionales, interesados en adelantar una gestión orientada a la inclusión social.

  1. Atraer la participación de ciudadanos en gobiernos locales

Los gobiernos locales están cada vez más conscientes de los beneficios que la inclusión puede traer a sus ciudades. Crear plataformas de participación ciudadana, donde las personas contribuyen en las decisiones que competen a gobiernos locales, abre espacios para reconocer donde se pueden hacer mejoras en la eficiencia de la gestión de servicios que van más allá de lo que las tecnologías y las infraestructuras solas pueden alcanzar, ya que la eficacia está estrechamente relacionada con las necesidades y los hábitos de las personas. Los aportes de las comunidades, y su activa participación, por ejemplo en procesos de planificación urbana, programas de mitigación de riesgos e iniciativas para mejorar la seguridad urbana, pueden incrementar su efectividad. Además, la participación ciudadana es crucial para construir el consentimiento de la comunidad, lo cual es clave a la hora de considerar cambios basados en usos y hábitos.

En Jakarta, Indonesia, esta mega ciudad enfrenta el reto de recoger y reconocer la demanda de sus siete millones de habitantes por proyectos sociales, económicos y de infraestructura, utilizando tecnologías de información y comunicación. Una aplicación web invita a los ciudadanos de más de 30.000 comunidades a postular propuestas que luego son evaluadas y seleccionados por un comité de pares. En el año 2016 la ciudad recibió 46.000 propuestas de las que varias fueron seleccionadas y financiadas en cada uno de sus 750 departamentos, incluyendo varias en los asentamientos espontáneos de la ciudad.

Boston, Estados Unidos, promueve una iniciativa que empodera a la juventud a través de su participación en las decisiones de gobierno local. El propósito del programa es contrarrestar la alienación y falta de compromiso que prevalece entre jóvenes vulnerables y de escasos recursos. Los organizadores del programa acuden a los lugares donde se congrega la juventud como los cafetines de los colegios, los centros de detención e instituciones cívicas, y los invitan a contribuir con sus ideas en los proyectos urbanos y a decidir cuáles financiar a través de procesos de presupuesto participativo respaldado por un fondo anual de un millón de dólares.

En Copenhague, Dinamarca, la participación de ciudadanos es crítica para lograr una mayor resiliencia contra las inundaciones que hoy son más frecuentes a causa de cambios climáticos. Luego de los efectos desastrosos de lluvias en el año 2011, el “Plan Vecinal de Resiliencia al Clima” de la ciudad, se comprometió a desviar 30% de las aguas de lluvia de los colectores municipales utilizando estrategias alternativas para capturar, retener, canalizar y evacuar aguas de lluvia que asumen cada habitante y cada calle en la urbanización piloto de St. Kjelds. Escuchar a los habitantes y motivar su participación ha sido clave en la activación del plan. A su vez, los ciudadanos se han fortalecidos mediante redes institucionales, asociaciones y organizaciones políticas.

En Melang, Indonesia, los habitantes de Glintung, una comunidad de barrios ubicada en terrenos urbanos susceptibles a inundaciones, están adoptando estrategias de manejo de riesgo con el apoyo del gobierno local a través del “Movimiento Banco de Agua”. Al igual que el plan de Copenhague, iniciativas comunitarias incluyen soluciones verdes como la siembra de árboles, la retención de agua en cada casa o edificación, la construcción de jardines verticales y el fortalecimiento de la producción de alimentos orgánicos locales como parte de su legado cultural. Estos a su vez traen retribuciones económicas puesto que los productos orgánicos son vendidos en mercados locales.

La Paz, Bolivia, al igual que muchas otras ciudades, enfrenta retos en la concienciación pública de la seguridad vial. A través de una iniciativa innovadora, la ciudad ha empoderado a jóvenes en situación de riesgo, de15 años en adelante, capacitándolos para ser educadores cívicos. Se disfrazan como cebras, sugestivo del rayado peatonal, y se ubican en las intersecciones viales para motivar a conductores y peatones a obedecer las señales de tránsito y adoptar un comportamiento más cordial y cívico. Esto ha disminuido exitosamente los índices de accidentes, a la vez que ofrece la oportunidad a jóvenes vulnerables de participar en una experiencia significativa de trabajo por el cual se sienten orgullosos. También ha permitido que muchos salgan de un círculo vicioso de exclusión y encuentren un trabajo estable y la oportunidad de continuar sus estudios.

De forma análoga la ciudad de Luleburgaz, Turquía, ha promovido iniciativas para incrementar la participación de mujeres en cargos de gobierno local y así contrarrestar la percepción de una administración pública dominada por hombres e insensible a temas de género. En recientes años el porcentaje de funcionarios y gerentes mujeres ha incrementado sostenidamente y el número de mujeres elegidas a concejales ha pasado de 1 en el 2004 a 9 en el 2014. Actualmente presiden cuatro de siete comités parlamentarios: planificación y presupuesto, saludo y ambiente, equidad de género y eventos culturales públicos. La iniciativa también va dirigida a motivar otros entes públicos y privados a seguir en sus pasos.

  1. Mejorar la calidad de servicios públicos e infraestructura

Incrementar y mejorar el acceso a servicios e infraestructura es otro aspecto que los gobiernos locales buscan atender para aumentar la inclusión social. Optimizar la eficiencia en el uso de recursos es clave para mejorar su distribución y reducir costos para ciudadanos. También, la innovación basada en tecnología, políticas públicas e incentivos económicos puede traer sustanciales beneficios para los habitantes de ciudades.

Tempere, Finlandia, ha desarrollado exitosamente una metodología holística para manejar desechos sólidos que a su vez es más eficiente desde el punto de vista energético: ahorra dinero y es más económico para los usuarios. 17 municipios han formado una compañía sin fines de lucro que se enfoca exclusivamente en atender la cadena completa del manejo de desechos: los nutrientes de biomateriales son recuperados, el calor del desecho es transferido a servicios de energía, y los consumidores contribuyen a amortiguar el costo de plantas de tratamiento, motivando un comportamiento más cuidadoso por parte del usuario. El modelo está basado en el concepto de la economía circular que es costo efectivo y permite al municipio recuperar gastos, minimizar la contaminación ambiental y gozar de la gestión de desechos más económica del país, que beneficia a usuarios con un mejor servicio a menor costo.

La Gobernación de Qalyubeya – Egipto, también ha atendido los retos del manejo de desechos de forma integral a través de iniciativas complementarias que reflejan la escala de una ciudad incluyendo los alrededores del Cairo donde viven 17 millones de personas. El programa reconoce y empodera a la población minoritaria Zeballen, quienes típicamente han trabajado recolectando y reciclando basura de manera informal, organizándolos como una compañía independiente para gestionar los desechos para todo el distrito. Retos logísticos han sido superados con diversas estrategias: la incorporación de triciclos motorizados permite navegar las estrechas calles con mayor agilidad; los costos han disminuido a través de la venta del desecho convertido en combustible para la industria de cemento; y se han establecido ambulatorios de salud para atender los accidentes y enfermedades que afectan a los recolectores de desechos.

Acceso a un transporte público con costo eficiente traerá importantes beneficios a los ciudadanos de Addis Ababa, Etiopia, donde reside 25% de la población del país, a través del desarrollo de un sistema de Transporte Rápido en Bus (BRT: Bus Rapid Transit) de alta calidad. El diseño del sistema incluye corredores con mejoras para peatones y ciclistas, canales dedicados de bicicletas, y aceras y cruces peatonales con acceso directo al centro de la ciudad sin la interferencia de vehículos privados y minibuses. El BRT espera servir a más de 3.000 pasajeros por hora en cada dirección.

Songpa-Gu, Korea del Sur, ha diseñado un modelo creativo de producción de energía solar enfocado en beneficiar a todos sus ciudadanos a través de una asociación público-privada que cuenta con una activa participación comunitaria. Su innovación es establecer una política pública en la que se comparte energía con grupos vulnerables, personas mayores y con discapacidades, que típicamente no tienen continuo acceso. También ofrece alternativas que van más allá de las prácticas convencionales de energía subsidiada. Por ejemplo, el modelo contempla remplazar artefactos eléctricos e iluminación de alto consumo energético para reducir el costo y consumo de energía. Además, las ganancias son utilizadas para apoyar países emergentes como Mongolia y Vietnam a través de la donación de molinos de viento y paneles solares.

La ciudad de Tlajomulco de Zuñiga, México, aporta una iniciativa muy necesaria en la región latinoamericana al institucionalizar regulaciones y medidas para mitigar el mal uso de los recursos naturales y del paisaje, con la creación de la Agencia Municipal de Protección Ambiental. Lo que una vez fue una zona rural en las afueras de la ciudad de Guadalajara, es hoy una zona de acelerada urbanización que ha saturado las capacidades actuales de los servicios públicos. El plan se enfoca en reducir la contaminación del aire, reducir el consumo de agua, incrementar la conciencia pública de los retos ambientales a través de la educación, implementar leyes, premiar las buenas prácticas y compartir con los ciudadanos la responsabilidad de velar por el cumplimiento de las medidas.

  1. Incrementar la calidad de vida a través de la renovación urbana

Las urbanizaciones empobrecidas tienden a reflejarse en espacios urbanos despoblados o deteriorados, con altos niveles de criminalidad, bajos niveles de empleo y una minimizada calidad de vida. Las inversiones y los esfuerzos urbanos dirigidos a renovar estas áreas urbanas tienen el potencial de re-insertar a sus habitantes en vidas más productivas, mejorar su calidad de vida y re-establecer en ellos un sentido de pertenencia e identidad local.

En Bruselas, Bélgica, la ciudad ha emprendido un proyecto integral de revitalización para renovar el área del canal donde vive 17% de la población y que con sus 2.509 hectáreas representa 15% del área urbana de la cuidad. Varias iniciativas complementarias promocionan la renovación del sector incluyendo la movilización y participación de actores claves y habitantes a través de asociaciones, la conservación de infraestructuras existentes, el diseño de nuevos edificios con altos estándares de eficiencia ambiental y eventos que realzan los atractivos del lugar para inversionistas de Pymes y la economía circular, que a su vez crean nuevos empleos en el sector.

Se han sumado progresivamente proyectos de renovación y reutilización de edificaciones industriales en el área del Canal de Charleroi en Bruselas

La aproximación a la renovación urbana de Asunción, Paraguay, también se articula a través de métodos de planificación y diseño participativo. Asulab, una plataforma independiente establecida para este fin, funciona como bisagra entre la sociedad civil, entes privados y públicos. El laboratorio desarrolló un plan para el centro histórico que incluye 10 estrategias y 40 proyectos pilotos para revertir los efectos negativos del éxodo urbano y recuperar la vitalidad, relevancia y el atractivo del centro. Los proyectos incluyen la restauración de edificaciones, el fortalecimiento del espacio público sobre el borde del río para mitigar los riesgos de inundación, la integración de un asentamiento informal vecino y la promoción productiva del turismo, la industria cultural y la economía creativa.

  1. Fortalecer los métodos de educación y el acceso universal a la información

Tener acceso al conocimiento e información incrementa el potencial de desarrollar perspectivas más abiertas a la diversidad y el reconocimiento del otro en poblaciones urbanas. También les permite alcanzar niveles más altos de realización personal y colectiva en sus comunidades. Las siguientes dos ciudades han adoptado proyectos innovadores que usan la educación y la tecnología como medios de empoderamiento e inclusión social.

Menashe, Israel, aborda el aislamiento entre comunidades que con frecuencia prevalece en áreas urbanas étnicamente mixtas, a través de un programa educativo diseñado para niños. Comunidades judías y árabes en el sector de Wadi en Menashe, a pesar de ser vecinos, permanecen segregados uno del otro, lo que agrava las tensiones políticas, las tendencias hacia el estereotipo, el miedo y el odio. El programa combina clases de colegios en comunidades judías y árabes por seis meses donde comparten actividades enfocadas en aprender unos de otros, desarrollar confianza mutua, compartir áreas comunes y trabajar conjuntamente en proyectos colectivos. Hasta la fecha ha unido a 600 estudiantes, docenas de maestros y más de mil padres y representantes.

En Ramallah, Palestina, el limitado acceso a sistemas convencionales de comunicación ha llevado el gobierno local a buscar plataformas alternativas que les permita reinstaurar acceso abierto a información. A través de una asociación público-privada que incluye la academia y agencias de cooperación internacional, el gobierno local ha adoptado una tecnología alternativa de comunicación y sistema de manejo de data que permite a los ciudadanos gozar de una vida ciudadana más inclusiva, con oportunidades para participar en la planificación urbana, la toma de decisiones a nivel de gobierno local y en una dinámica económica de mercado. También han emergido mejoras en el acceso y uso de servicios de educación, turismo y cultura, mejor atención en situaciones de emergencia y una gobernanza más transparente.

En conclusión, hemos visto diversas iniciativas urbanas que además de resolver problemas concretos en ciudades, efectivamente incrementan la inclusión social y reducen inequidades. El qué en la gestión de ciudades es clave para avanzar una agenda local de inclusión, especialmente en términos de mejor acceso a servicios públicos de calidad y ambientes urbanos saludables como en el caso de Addis-Ababa y Asunción. Pero también el cómo es crítico en el sentido de que la participación activa de actores claves en todas las fases del proyecto puede hacer posible o no la efectividad de un plan, programa o política pública. A medida que las poblaciones crecen y la composición étnica se hace más diversa, incrementar la participación dejará de ser optativo y pasará a ser un requerimiento para poder abordar temas urbanos que cada vez serán más complejos. Por ejemplo, sin la participación de los residentes de Copenhague, disminuir la exposición a riesgos de inundación en la ciudad no habría sido posible. Sin embargo, muchas ciudades gobiernan poblaciones que no tienen una solida trayectoria de participación en asuntos locales. Es por ello que iniciativas como la del Programa de Juventud en Boston son claves para motivar a ciudadanos desde temprano a asumir un compromiso más activo y longevo con sus comunidades. En definitiva, la postura de inclusión debe ser entendida como un requisito para lograr ciudades más sustentables y eficientes, además de representar la manifestación de una sociedad más equitativa.

♦♦♦

[1] UN Habitat, The City Prosperity Initiative, 2016.

http://www.spacescape.se/wp-content/uploads/2015/05/CPI-brochure.pdf

[2] Silva, Elisa and Pablo Vaggione. Pro Inclusión: Herramientas prácticas para el desarrollo integral de las ciudades de América Latina, CAF: Bogotá 2016. http://scioteca.caf.com/handle/123456789/961

Articulo derivado de una versión similar en Inglés para el Journal of Guangzhou Institute for Urban Innovation Diciembre 2016.

 

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Acerca de "EN SOCIEDAD"

Lic. en Ciencias Políticas y Administrativas. Especialista en Gerencia de Programas Sociales. Profesor de Post grado de UCV y de la UCAB
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